El juego del sol y la luna.

"Lo que convierte la vida en una bendición no es hacer lo que nos gusta,
sino que nos guste lo que hacemos." (Johann W. GOETHE)
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Hoy me he fijado que el sol
llora lágrimas de fuego
por encontrar a la luna.

Porque están predestinados
a un amor tan eterno
como eterna su soledad.

Me he fijado que el sol
solo tiene media alma
y su otra media, la luna.

Y cualquiera no creería
en su pasión, salvo yo,
que la vivo intensamente.

Sólo por eso, mi amor
querría jugar su juego
para poder encontrarte,
aunque fuera un instante,
en dos momentos del día:

En medio de aquel segundo
más rosa del amanecer
y más rojo de la tarde.


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El disfraz del optimista.


"Un drogadicto con alma asceta".
Así podría definir a mi paciencia,
pues tiene mono de ti; y de la voz
de la impaciencia nacen mis ganas.

Mi corazón espera la dosis exacta
de cada una de tus palabras.
Pues llora por cada palabra tuya
como lloran en el cielo los cometas,
como impregan con su aroma
las estrellas a esta noche estrellada.

Con la misma determinación
que la gotas suicidas de lluvia
al caer de las nubes al vacío,
quiere mi corazón llenarse de ti,
y de esa extraña sensación
de tenerte entre mis brazos.

A las puertas de mi imaginación
y sin miedo al rechazo de acogida,
se presenta hoy mi mente con la atroz
cantinela de que no debo olvidarte.

Y convence a mi conciencia
tan desmedida en reparos,
que parece esa joven que de pasión
besa al aire, como se sueña besar
a un amor desconocido,
cuando se está enamorado.


Porque me enseñaste que la vida puede ser
tan maravillosa como uno quiera.

Va por ti, abuela.



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Deseo

deseo.(Del lat. desidĭum). 1. m. Movimiento afectivo hacia algo que se apetece. 2. m. Acción y efecto de desear. 3. m. Objeto de deseo. 4. m. Impulso, excitación venérea. arder en ~s de algo.1. loc. verb. Anhelarlo con vehemencia.


Ojalá que mis palabras marquen tu piel
de una forma tan secreta
como me besan tus manos.

Espero que me perdones,
pero quiero demostrarte que te quiero.
Aunque esto se me antoja como un proyecto
inalcanzable, de palabras irreales de un sueño
que nunca llegará a hacerse realidad.

Pero ardo en el deseo de quererte,
porque mis ojos ya no cesan
de observarte con vehemencia
desde que conoció a los tuyos.

Lo que existe más allá de tus pupilas
te hace ser tan diferente
del resto de las personas
que mueve mi deseo por vivir...
Y si puede ser, a tu lado.

¿Por qué se afana mi mente
en ganarle al corazón
en esta lucha sin sentido
desde que estás tu presente?

No dejo de ser consciente
más no sé lo que me pasa
cada vez que estoy contigo.

La sonrisa se me antoja
como mi mejor forma de agradecerte
el tiempo que me dedicas.
Por eso no dejo de sonreírte
cuando estoy cerca de ti.

Más allá de mi forma de sentirte
está el deseo de esperarte,
como esperé desde la primera vez.

(Necesito más hojas en mi calendario
para poder arrancarlas.)

Aún todavía deseo a tus caricias;
y que se transformen en latidos,
tan necesarios para mi vida
como esta felicidad que me invade.

Estoy feliz, ¿y tú?
El pálpito, que es mi deseo,
hace sentirme vivo.




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Telegrama.


La Realidad es aquello que,
incluso aunque dejes de creer en ello,
sigue existiendo y no desaparece.

Philip K. Dick


[...]

No me pidas que me marche de tus sueños,
cuando allí jamás estuve, ni nunca los conocí.

Ni tampoco que te espere en el silencio,
cuando sabes que mi cuerpo
nunca cesa de gritar que te desea.

El esfuerzo de borrarte de mi mente
es un lujo que no puede permitirse
ahora mismo mi autoestima.

No compongo estos versos para ti,
porque tú no necesitas como yo esta poesía.

Mi perfil más egoísta solo escribe para mí,
pues indujo a mi lado generoso al suicido.
Y con él se me esfumó toda forma de quererte,
toda forma de pensar que me querías,
además del pedazo de pasión que reservaba,
esperando regalártelo algún día.

Ese día que, por cierto, no ha llegado.

[...]

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Hasta amarte sin mesura.


Hoy no quiero otra cosa que ofrecer
a tu mirada la mejor de mis sonrisas.
Solamente una sola, pero la mejor.
Tarde o temprano, lento o deprisa,
alcanzaré con ella lo profundo de tu ser...

Abriré tu corazón y muy dentro guardaré
mis más profundos sentimientos...
Abrazaré a tu pasión de modo suave,
respirando ese olor acafeinado que rezuma
tantas veces cada uno de los poros de tu piel...
Excitando poco a poco a mi cordura...

Sé que sobran las palabras que te digo.
Imagina ahora todo lo que nunca te diría.
No lo hagas si rehuyes la locura.

Mas por eso te dedico la mejor de mis sonrisas.
Esperando con anhelo que comprendas
Solamente lo que más necesito decirte.
Una cosa simplemente: no te olvido.
Reconozco que quisiera entregar
a tu mirada cada una de las partes de mi vida,

(último verso atrapado en el acróstico)

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La voces olvidadas del Holocausto


I
(En un día como cualquier otro)

Otra vez, en mi cabeza esa triste melodía.
Cierro los ojos y me engancho a su sonido.
Abro mi mente, también mi olvido
y toco con mis dedos cada una de las notas
desperdigadas alrededor de mi piel,
que hoy juega a ser partitura.

II
(En la piel de otra persona, otro pasado)

Otra vez, en mi cabeza esa triste melodía.
Y en el concierto más íntimo que pudiera
alcanzar el ser humano consigo mismo,
me descubro como soy, a través de su sonido.
Mas si toco para mí, para mí estoy rendido
al sonido del triste arpegio que me invade.
Parecióme que me invita a llorar.

Otra vez vuelve a sonar el violonchelo.
Y a su grave soniquete se le han unido
mis lágrimas, tan agudas que al caer
tintinaron su armonía en mis rodillas.
Me percato que hoy es tiempo de llover,
y de un frío que me hizo tiritar.

La tristeza que, por la canción, me invade
no la puedo soportar. Abro mis ojos...
Ni soy yo, ni es el mundo que dejé
este mundo que me encuentro.

III
(En el campo de concentración)

Veo las caras cual sacadas del ayer,
y sin quererlo me hallo en el pozo
donde urgase la miseria su nariz.
Famélicas formas me tienden una mano
y me dedican la sonrisa más preciada
que guardaban por si el día era feliz.
Mas de gris hoy se tiñe la mañana.

Unos rezan, otros lloran con trabajo
pues ni lágrimas le quedan por llorar.
Otros tocan el sonido de su llanto
con las cuerdas del recuerdo,
entonando esa triste y sonora melodía
que se metió en mi cabeza y no me quiere dejar.

IV
(Se abre una puerta)

Veo la luz absorbida en sus cabellos
e irradiada en sus pupilas la locura.
En el brillo de sus ojos vi mi muerte,
y en la fuerza de sus manos vi el dolor.

Dos disparos que cortaron al ambiente
y una bala se encalló en mi corazón,
disparada por la ira de su raza y de su ego.

En mi boca esa agria sensación
me recuerda que ya es tiempo de dormir.
De repente desprendí un rancio olor
a perfume de un destino que se apaga.
Y viviendo todavía de una forma sobrehumana
lo inhalé, hasta que intoxicó mi razón.

(Desperté)

Desde entonces esta triste melodía
se apagó, ya no quiere más sonar.




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Animadversión.


I

Hoy escribo desde esta sensación
que provoca las cadenas al esclavo,
las blasfemias sobre Dios al buen cristiano,
y los cuernos que mancillan el honor
del que ciego, por su amor fue envenado.

Todo eso que produce repulsión,
aun si aquello no resulta deseado.

No me pidas tolerancia, ni acuidad para evitarlo,
pero odio del pasado es lo que siento.
Pues por culpa de su hacer vivo el presente
como un mundo paralelo al que yo me imaginaba
ese mundo que sí vivo yo en mi mente.

Tengo miedo a los recuerdos tan bonitos
que pasamos, por el miedo a repetirlos
y encontrarte sobre todo tan ausente
como siento que me encuentro en esta vida.
Como pienso que me siento yo sin verte.

II

Ordenando el baúl de nuestra historia,
hoy te visto con mis ojos del ayer.
La secuencia que proyecta mi memoria
son recuerdos que me hacen abstraer...

De repente, formé parte en mi pasado.
Me volví a encontrar con tu sonrisa,
malpensé encerrarme en tu mirada...
Y mis ganas se volvieron tan sumisas
al deseo, que me quedé enamorado
profundamente de ti, como si nada...

III

...Volví a ser el esclavo
a sus cadenas atadas,
volví a ser el cristiano
de la honra mancillada
y ese necio enamorado
de persona equivocada.

Tengo odio de mí mismo,
pues no puedo repetirte
en este mundo que ahora,
se me hace grande sin ti.

IV

Parecemos esas líneas paralelas,
que caminan siempre juntas y sueñan
con el instante de ese cruce de caminos
que, por ende, es sabido nunca llega.

Es por eso que hoy escribo
desde esa sensación, que mi rancio
corazón no ha sabido todavía digerir.

Animadversión en mí y hacia lo desconocido.



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